Edificio

La Licorera

Carrera 21 Nro 21 A 41 

Hace parte de los Inmuebles de la Arquitectura Republicana localizados en el Centro de Manizales declarados Monumento Nacional en el Decreto 2178 de 1996

Símbolo de reconstrucción y progreso

El edificio La Licorera es una de las edificaciones más representativas de la etapa final de reconstrucción del centro de Manizales después de los grandes incendios de 1925 y 1926. Su diseño fue realizado en 1945 por el ingeniero manizaleño José María Gómez Mejía y posteriormente modificado por el ingeniero Francisco J. Calle G., quien incorporó un piso adicional al proyecto original.

La construcción de este inmueble estuvo estrechamente ligada al crecimiento económico del departamento y al éxito de la Industria Licorera de Caldas. Aunque el monopolio de los licores pasó a manos del Estado desde la creación del departamento en 1905, durante décadas la producción se realizó en pequeños establecimientos distribuidos en varios municipios. Más tarde, desde 1926, la elaboración de vinos funcionó en los sótanos del edificio de la Gobernación. El auge comercial alcanzado en 1943 con el lanzamiento del Ron Viejo de Caldas impulsó la necesidad de contar con una nueva sede propia y moderna, lo que dio origen a esta construcción ubicada en la Plaza de Bolívar.

La arquitectura de la transición hacia la modernidad


El edificio La Licorera es considerado una obra arquitectónica de transición entre el estilo republicano y las corrientes modernas que empezaban a imponerse en el país durante la década de 1940. Su diseño abandona gran parte de la ornamentación característica de las edificaciones republicanas construidas entre 1926 y 1930, reemplazándola por formas más sobrias, geométricas y funcionales.

La fachada está construida en mampostería y revestida con acabados en granito de tonos rosados y amarillos. Destaca un volumen central que incorpora tres grandes arcos en la planta baja y un pequeño balcón en el segundo nivel. La estructura está compuesta por muros, columnas y vigas de concreto, mientras que los pisos fueron elaborados en baldosa.

Uno de sus rasgos más distintivos es la marcada verticalidad de la composición. Las ventanas metálicas se organizan en series de vanos continuos que enfatizan la altura del edificio, mientras que la ausencia de cornisas, remates ornamentales y balcones laterales evidencia la ruptura con el Palacio de la Gobernación y el Edificio Tamanaco que son sus vecinos más próximos. En su interior se adopta una planta compacta y moderna, donde los espacios se distribuyen alrededor de dos halls centrales que articulan la circulación en los cuatro pisos de la edificación.

Patrimonio vivo al servicio de la ciudadanía

El edificio La Licorera posee un importante valor patrimonial por representar uno de los mejores ejemplos de la transición arquitectónica entre la tradición republicana y la modernidad en Manizales en el centro de la ciudad. Además, forma parte del esfuerzo liderado por la Sociedad de Mejoras Públicas y las autoridades locales para completar la reconstrucción urbana de la ciudad y ocupar estratégicamente las esquinas y lotes que habían quedado pendientes durante la llamada “segunda fundación de Manizales”.

Su significado también está ligado a la historia económica de Caldas. Durante más de un siglo, la Industria Licorera de Caldas ha generado recursos fundamentales para financiar programas de salud, educación, recreación e infraestructura, convirtiéndose en uno de los símbolos más reconocidos de la región.

Actualmente, el edificio continúa prestando un servicio activo a la comunidad. Allí funcionan dependencias administrativas de la Gobernación de Caldas, la Oficina de Pasaportes, un punto de información turística y una tienda de artesanías. De esta manera, el inmueble conserva su relevancia como patrimonio arquitectónico y, al mismo tiempo, sigue siendo un espacio dinámico que conecta la historia, la cultura y los servicios públicos en el centro histórico de Manizales.

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