Las fondas camineras

Por: Octavio Hernández Jiménez

Todo nace de la constante humana consignada en el verso de León Felipe: ˝Ser en la vida romero, romero solo que cruza siempre por caminos nuevos”. Al fin y al cabo todos somos primos hermanos del judío errante. Claro que ese afán por estar moviéndose de un lugar a otro contó, en el camino, con las fondas camineras, construcciones rurales que no son originarias de la zona paisa pues pues la palabra “fonda” como posada peregrina está  en el diccionarios español desde el siglo XVIII y parece que ya se utilizaba desde el siglo XII, provenientes del árabe. En la época del Quijote se llamaban ventas y gran parte de la obra cervantina transcurre en ellas.

Las fondas se dispersaron por la región caldense de manos de los paisas y caucanos que subían y bajaban de acuerdo con motivaciones nacidas en el comercio, en la administración pública y religiosa de cada provincia, en los afanes de andariegos, buscavidas y buscapleitos, de gente desplazada por la violencia y las guerras de cada temporada.

Siempre se construyeron a la orilla de los caminos mas transitados. las más viejas, en la época de la colonización española, ocuparon tierras planas  y calientes, luego, las de ascendencia paisa, tierras encaramadas en el filo de las montañas. Pudieron ser de uno o dos pisos, de tapia o de guadua. A lado y lado de la carretera central. Enla actualidad sobreviven algunas de estas casas, algunas en situación precaria o habitadas sólo por fantasmas.

Las fondas más concurridas estaban en el cruce de caminos y junto a un nacimiento de agua. El agua era indispensable no sólo para viajeros sino también para las recuas de mulas, de bueyes y las bentias de los comerciantes, de los arrieros y de los desplazados que perseguían su edén.

Mientras las muladas compuestas a veces de más de cien animales, pastaban, se refrescaban y paraban las patas a la luz de luna, después de que los sangreros les dieran aguamiel o les hicieran las curaciones del caso, los caporales o viajeros, después de una jornada de sol quemante o de lodazales de pesadilla, dormían en la fonda, en camas duras o en el suelo, tomaban aguardiente, guarapo y tapetusa, jugaban tute o dado, tocaban tiple, echaban cuentos, enamoraban las mujeres de la fonda o entonaban coplas y trovas como las que trae Ñito Restrepo en El cancionero de Antioquia (1955)

“La vida de los arrieros / es cargar y descargar / y en llegando a la posada / comer hasta reventar /

Las fondas contaban con una tienda muy surtida, cocina grande, comedor con viandas abundantes y de elaboración temprana. La carne de mayor consumo, ofrecida en distintas formas, era la de cerdo, fuera de las famosas arepas de mute o mote, pan cerrero y pandequeso asado en el horno construido en el patio. al sentarse en el bulto de café o de leña para devorar los alimentos, los comensales exclamaban alborozados los versos de Gregorio Gutiérrez G:

“¡Salve, segunda trinidad bendita / Salve frisoles, mazamorra, arepa / con nombrarlos no mas se siente hambre / No muera yo sin que otra vez os vea /

Las fondas más concurridas quedaban a una jornada de camino una de otra.  Por eso los pueblos no se fundaron en cualquier sitio o en un paraje menos arisco. Si se mira el mapa cada pueblo queda casi a igual distancia de sus vecinos. Se recurría a la jornada, al reloj de sol o al pucho o duración de tabaco encendido para medir tiempo  posible de recorrido.

A la casona matriz se fueron agregando otras construcciones que albergaron a los hijos casados del fondista o algún compadre o familiar que venía de lejos. Muchas fondas fueron el embríon de pueblos y ciudades. Manizales creció alrededor de la fonda de don Manuel Grisales. Hubo fondas solitarias que pasaron a ser veredas y caceríos al estilo de La Cabaña (Manizales) , La Plata (Palestina) Pueblo Rico (Neira), La Habana y San Isidro (Belálcazar), quiebra de Santa Bárbara (Risaralda-San José), San Pedro Varsovia (Aranzazu) y los corregimientos de Pensilvania y Samaná.

La fondas camineras se han ido cayendo a pedazos al cumplir su ciclo histórico o han evolucionado hacia variables como tiendas, restaurantes campestres, estaderos, paradores y supermercados, no ya para arrieros y viajeros de aliento sostenido sino para hordas presurosas que turistas que llegan por carreteras y pasan fugases.

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