Palacio

Arzobispal

Calle 23 # 19-22   

Declarado Bien de Interés Cultural (BIC)  Ley 397 de 1997 y su posterior modificación Ley 1185 de 2008

Renacer de la sede Episcopal

La historia del Palacio Arzobispal está estrechamente ligada al nacimiento de la Diócesis de Manizales, creada por el papa León XIII mediante la bula del 11 de abril de 1900. Su jurisdicción comprendía el territorio del antiguo Caldas, conformado con áreas que pertenecían a las diócesis de Medellín y Popayán. El primer obispo fue monseñor Gregorio Nacianceno Hoyos, quien ejerció entre 1901 y 1921, seguido por monseñor Tiberio de Jesús Salazar. Ambos desarrollaron su labor pastoral desde el primer Palacio Arzobispal.

Ese primer edificio desapareció producto del incendio de 1925. La tragedia impulsó un ambicioso proceso de reconstrucción que transformó la imagen de la ciudad y dio paso a nuevas edificaciones con materiales más resistentes y diseños monumentales. En ese contexto, en 1926 comenzó la construcción del actual Palacio Arzobispal sobre el mismo predio. El proyecto fue diseñado por el arquitecto italiano Giovanni Buscaglione, miembro de la comunidad salesiana, quien retomaría los planos iniciales de Julien Polty y ejecutado por los constructores italianos Papio y Bonarda, protagonistas de varias de las obras que marcaron el renacer arquitectónico de Manizales. El acceso principal se ubicó sobre la carrera 23, destacándose por su imponente composición de columnas corintias y pilastras que le confieren un carácter solemne y representativo.

Elegancia Republicana

El Palacio Arzobispal de Manizales ocupa un lote de 1.795 metros cuadrados y cuenta con un área construida de 3.691 metros cuadrados distribuidos en dos niveles, con alturas diversas. Su estructura combina muros de mampostería y concreto con algunos sectores en bahareque encementado, técnica que hizo parte de la tradición constructiva de la región. Los entrepisos y cielorrasos fueron elaborados en madera, mientras que la cubierta integra terrazas, placas de concreto, fibrocemento y marquesinas, reflejando las soluciones arquitectónicas propias de la época de reconstrucción.

Tiene una planta rectangular que se organiza alrededor de un amplio patio jardín central, rodeado por corredores perimetrales con arcos que se asocian a la distribución de los antiguos claustros. A este espacio se suma un segundo patio ubicado hacia el costado suroriental, también rodeado por galerías que aportan iluminación, ventilación y una adecuada articulación entre las distintas dependencias del edificio.

La fachada principal constituye uno de sus mayores valores estéticos del edificio. El acceso está enmarcado por un frontón triangular sostenido por columnas corintias adosadas al muro y enriquecido con molduras de inspiración clásica. Otro valor importante de la arquitectura es la ornamentación, atribuida a los arquitectos José María Gómez y Benjamín Dussán Canals, incorpora frisos, cornisas, ménsulas y relieves que aportan sobriedad y equilibrio características propias de la arquitectura republicana presente en el Centro Histórico de Manizales.

Patrimonio que sigue cumpliendo su misión

El Palacio Arzobispal conserva los valores arquitectónicos, espaciales y ornamentales que le dieron origen hace casi un siglo. La distribución alrededor del patio central, la riqueza de sus detalles constructivos y el mobiliario en buen estado de conservación permiten apreciar la calidad del diseño concebido durante la reconstrucción de la ciudad, convirtiéndolo en uno de los inmuebles más representativos del patrimonio arquitectónico.

Más allá de su valor histórico, el edificio continúa desempeñando la función para la cual fue construido: albergar la sede de la Arquidiócesis de Manizales y el despacho principal del arzobispo. La Iglesia ha realizado labores permanentes de mantenimiento y conservación que garantizan la preservación de sus características originales. Como estrategia para asegurar su sostenibilidad, algunos espacios del primer piso que dan hacia la carrera 23 funcionan como locales comerciales, cuyas intervenciones, avisos y adecuaciones están regulados para respetar la arquitectura republicana y las normas de conservación integral del inmueble.

Gracias a este equilibrio entre uso y preservación, el Palacio Arzobispal continúa siendo un referente religioso, histórico y arquitectónico, además de un testimonio del proceso de reconstrucción que definió la identidad urbana de Manizales.

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