Edificio

Rivas

Calle 23 # 22-11 
Hace parte de los Inmuebles de la Arquitectura Republicana localizados en el Centro de Manizales declarados Monumento Nacional en el Decreto 2178 de 1196

Legado de la reconstrucción

Este edificio forma parte del conjunto de inmuebles levantados durante la denominada “Segunda Fundación de Manizales”, proceso de reconstrucción urbana que siguió a los devastadores incendios que destruyeron gran parte del centro de la ciudad en la década de 1920. La obra fue construida y entregada en 1927 por la firma italiana conformada por Angelo Papio y Giancarlo Bonarda, reconocidos pioneros en la implementación del concreto reforzado en Colombia, una técnica innovadora que brinda mayor resistencia sísmica en una región caracterizada por la constante actividad tectónica.

Los mismos constructores participaron en algunas de las obras más emblemáticas de la época, entre ellas la Catedral Basílica de Manizales, la Casa Estrada, el Hotel Europa y el Teatro Olimpia. Además de sus aportes arquitectónicos, impulsaron importantes avances en infraestructura urbana mediante la instalación de redes subterráneas de acueducto y alcantarillado, así como la pavimentación en concreto de las calles céntricas de la ciudad.

En 1999 el inmueble fue objeto de una intervención liderada por el ingeniero Josué Galvis y la arquitecta María Matilde Villegas. La restauración se desarrolló bajo criterios de conservación patrimonial, resaltando los valores arquitectónicos y estéticos propios de la arquitectura republicana que caracteriza al edificio.

Arquitectura republicana frente a la Plaza de Bolívar

La edificación constituye un destacado ejemplo de la arquitectura republicana que predominó en Manizales durante las primeras décadas del siglo XX. Construida sobre un lote de 516 metros cuadrados y con un área total cercana a los 1.536 metros cuadrados, presenta alturas variables que alcanzan en promedio los 16 metros, una adaptación necesaria a la pronunciada topografía urbana de la ciudad.

Su planta cuadrada ocupa una estratégica esquina frente a la Catedral Basílica. Allí se destaca el tradicional ochave, un recurso arquitectónico característico de la época que suaviza el encuentro de las fachadas mediante un corte diagonal enriquecido con elementos ornamentales orientados hacia la Plaza de Bolívar. La estructura combina mampostería, muros interiores en bahareque encementado y concreto reforzado con pilotes profundos, reflejando las innovaciones constructivas introducidas tras los incendios.

Entre sus elementos más sobresalientes se encuentran la cubierta original en teja de barro elevado para dar cabida a dos marquesinas de madera y vidrio que permiten el ingreso de luz natural al vestíbulo y al patio posterior. Precisamente el vestíbulo representa una de las características más distintivas de la arquitectura republicana manizaleña, ya que reemplazó los antiguos patios centrales descubiertos, aportando elegancia, mejor distribución espacial y una mayor adaptación a las condiciones climáticas de la ciudad.

Un símbolo económico

Desde su construcción, el inmueble fue concebido con una vocación mixta. Los pisos superiores funcionaron como vivienda, mientras que los niveles inferiores estuvieron destinados al comercio. En su sótano se instalaron las bodegas para el almacenamiento de sal administradas por el Banco de la República, entidad que desempeña un papel fundamental en la economía nacional desde las primeras décadas del siglo XX.

La presencia de estos depósitos estaba relacionada con una decisión estratégica del Estado colombiano, con la creación del Banco de la República en 1923 por recomendación de la Misión Kemmerer, el Gobierno entregó a la entidad la administración de las salinas nacionales. La sal, considerada un producto de primera necesidad y de consumo masivo, constituía un activo seguro que servía como respaldo económico para fortalecer la confianza en la nueva moneda y contribuir al saneamiento de las finanzas públicas.

Gracias a esta función y a las múltiples actividades comerciales que ha albergado a lo largo de su historia, el edificio se consolidó como un referente de la vida económica y empresarial de Manizales. Su permanencia en el tiempo y el alto grado de conservación de sus características originales lo convierten hoy en un valioso testimonio del desarrollo urbano, comercial y arquitectónico del centro histórico de la ciudad.

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